Pancho Villa

lunes, 10 de agosto de 2009

La última carga a sable de la caballería mexicana

Cadete de Caballeria del Colegio Militar en 1920
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APIZACO, TLAXCALA. 8 DE MAYO DE 1920
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Con parsimonia, los dragones del Regimiento General Ignacio Allende, formado por alumnos de la Escuela de Caballería del Colegio Militar, salen de Ciudad de México con rumbo a Apizaco, pues se requiere su presencia para escoltar al Ciudadano Presidente Constitucional Don Venustiano Carranza. Rodeado por las fuerzas insurrectas al mando del General Álvaro Obregón, el Presidente ha dispuesto salir con todo su gabinete rumbo a Veracruz, utilizando para este fin el ferrocarril. A las órdenes de sus jefes, enarbolando la sagrada bandera de su institución, la Escuela de Caballería salió rumbo a Apizaco.
Se detiene delante de Villa de Guadalupe para dar lugar a que los convoyes gubernamentales se alejen, ya que de mutuo propio, el mando de la Escuela asumió la misión de proteger la salida de los trenes, en Tepexpan. Los dragones observan tranquilos la retirada de los vagones, mientras acarician con gestos sombríos las empuñaduras de sus sables. Algo está por suceder, se puede oler en el ambiente, y es que ya las fuerzas presidenciales han sostenido algunas escaramuzas con partidas obregonistas desde que salieran de México.

El Presidente Carranza ordena entonces que se embarque el Regimiento en los últimos carros vacíos del tren, después de las demás Escuelas del Colegio Militar para dar tiempo a que, si se presentaba la eventualidad, los alumnos pudieran desembarcar rápidamente. El largo tren sigue entonces su marcha rumbo de Veracruz, internándose en Tlaxcala, pero al llegar a Apizaco, fuerzas enemigas al mando de los Generales Máximo Rojas y Reyes Márquez, atacan de improviso el tren presidencial. Es la mañana del 8 de mayo. En medio del tiroteo, el Coronel Don Rodolfo Casillas, Comandante en Jefe de la Escuela de Caballería, desembarca sus dragones y rodea una pequeña loma, con la finalidad expresa de caer sobre el flanco enemigo, muy ocupado en el intercambio de disparos con los alumnos de infantería abordados en el convoy presidencial, y que lo defenderán hasta la última bala... ¡Ah!, para darnos una mejor idea de lo que sucedió aquel inolvidable día, escuchemos las memorias del propio Casillas:
''… de hallarnos en el campo abierto, libre, de cuyos límites se perdían en la lejanía y también de cumplir con la misión que se nos había encomendado, salimos del lugar al trote, dirigiéndonos a ocupar un lomerío poco distante de los trenes, pero que precisamente por esto y por su situación bastante favorable, se prestaba para proteger los convoyes. El terreno no era propiamente despejado, lo formaban lomas muy extensas llenas de hierbas y sembradas de centenares de magueyes, cuyas filas alienadas se perdían a lo lejos, allá a muchos kilómetros en el horizonte bello y azul. Apenas habíamos remontado la parte más elevada del lomerío, cuando divisamos a las fuerzas obregonistas, compuestas de infantería y escasa caballería, que avanzaban en medio de los tiros hacia Apizaco.
El acercamiento del enemigo ya no permitía tomar posesión del terreno para proceder a la organización de éste y defenderlo por medio del combate a pie como aconseja la táctica cuando se cuenta con el factor tiempo; tampoco procedía el combate a caballo, a fuego de carabinas, porque el tiro efectivo de este manera, no era sino un consumo inútil e infructuoso de municiones. Por lo anterior, y considerando sobre todo que muchas veces la mejor defensa es el ataque, la idea que se forjó en la mente del mando se plasmó instintiva, simple, rápida, decidida a organizar tan rápido como lo pedían las circunstancias, una carga en varias líneas de forrajeadores sobre el enemigo que hasta entonces seguía avanzando sobre Apizaco… ¡¡La Carga al Sable sobre el enemigo!!... ¡¡El ideal, el anhelo, la ilusión con que sueña a diario el verdadero Dragón!!
¡¡La épica Carga de Caballería , la galopeada heroica, relampagueante, decisiva, en la que el vértigo de la velocidad y la locura del espíritu lleno de arrojo hace hundir el viento y la distancia, hace blandir en la mano febril y nerviosa el desnudo sable o la estilizada y vieja lanza, armas de los hombres de verdad; meteórico avance en el que se tiene que llevar el corazón bien puesto, vibrante de ardor y de bravura, templado por la fuerza moral del cumplimiento del deber, animado por la fe de las buenas causas, como era en este caso, la impetuosa lealtad sin vacilaciones ni evasivas de los alumnos del Heroico Colegio Militar hacia el gobierno de la ley y el derecho representado por Carranza!!
La Carga de Caballería. He ahí el cuadro glorioso, he ahí la gesta sublime, ambicionada, he ahí el imán poderoso que tenían enfrente los bizarros cadetes de caballería del Colegio Militar, que desbordaban de coraje y de entusiasmo cuando para comenzar lo que había decidido el mando, escucharon la firme, la enérgica y vibrante voz de: “Al Hombro Sable”, dada por no sus menos bravos Comandantes de Escuadrón, de aquellas inolvidables secciones de valientes muchachos y después un “¡Al Galope!”, como incontenible avalancha, como huracán arrollador, como maldición endemoniada para las huestes rebeldes comandadas por los Generales Máximo Rojas y Reyes Márquez, sobre ellas se lanzaron, al singular e incomparable, la varonil grito de “¡¡Carga!!”, los jóvenes dragones, aquella memorable tarde del mes de mayo de 1920...''
Surgiendo tras de la pequeña loma que mira al pueblo, aparece la numerosa y fresca, lanzada a toda la brida, la Escuela de Caballería, palpitante de odio.... Los atacantes, sorprendidos, abandonan el asalto al tren y se dirigen hacia la sección montada... Y entonces, soldados y civicos, Presidente y Gabinete, atacantes y maquinistas del ferrocarril y aún los habitantes de Apizaco presenciaron un espectáculo maravilloso propio de las pasadas guerras: la Carga de Caballería, hoy ya olvidada, y que las actuales y nuevas generaciones tal vez no tendrán oportunidad de admirar. Los jóvenes dragones constitucionalistas, defensores del honor militar de su arma, de su Escuela y su Colegio, se precipitan sobre los rebeldes obregonistas al galope, arrollando a los infantes bajo el andar de sus fogosos corceles, y blandiendo el honorable sable, ciegamente tras su estandarte, entrando en lid gloriosa contra los enemigos del orden, al frente de su tropa, el heroico Coronel Don Rodolfo Casillas, que hace enrojecer su espada de sangre hasta la empuñadura...
''El resultado tenía que ser el que lógica e irremediablemente se imponía; el desenlace no podía ser otro que el previsto, inconcusa, incontrovertiblemente; el coronamiento de esa carga, por la fuerza moral y material de cómo se habían hecho las cosas tuvo que ser la media vuelta forzosa, obligada, la precipitada y vergonzosa huida irremisible del enemigo, dominado por el miedo y la sorpresa.
Sin embargo, de la fuga en cuestión, habíamos cargado tan velozmente, que llegamos a alcanzar y rebasar a algunos soldados enemigos, por lo que parte de nuestros forrajeadores se embebieron entre ellos, causando una verdadera confusión. Pero reaccionando los nuestros, ya sin vacilaciones acuchillaron furiosamente a los hombres de Reyes Márquez. Minutos después llegaron también algunos amigos montados, mandados por el General Pilar Sánchez, a quién le tocó abatir todavía con su .45 a algunos de los alzados...''
El enemigo, sorprendido, se desbanda y huye... Los dragones siguen su tremenda carga para terminar de derrotar al enemigo y evitar que se reorganice, pero algunos valientes del General Márquez se agrupan, deteniéndose, haciendo frente a los jinetes que todo lo arrollan, para poder cubrir la retirada del resto de las fuerzas obregonistas... En medio del tiroteo resultante cae muerto el alumno Ignacio Barba, al sablear a un infante, pero otro rebelde logra derribarlo de su caballo con un carabinazo... Entonces aparecen varios montados al mando del General Pilar Sánchez, quienes refuerzan a los cadetes y hacen retirarse definitivamente a los obregonistas.
''No se continuó la persecución del enemigo por no alejarnos mucho de los trenes y porque ya empezaba a caer la noche. Una vez reorganizado el Regimiento sobre el propio terreno, regresamos a la vía y escoltamos al tren, cabalgando sobre el terraplén, en dirección a San Marcos, donde pernoctamos al final del día…''

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