Pancho Villa
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viernes, 30 de julio de 2010
lunes, 10 de agosto de 2009
Carransistas asesinos
21:25
Marvin Osiris Huerta
*Mi abuelo Emiliano Espinosa
- Enviado por Álvaro Espinosa Navarrete
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Agradezco el espacio que nos brindan para poder colaborar, con las historias y anécdotas familiares, en la construcción de esta magnífica página.
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Mi abuelo Emiliano Espinosa, quien vivió en Chontla, Veracruz, en la conocida Huasteca veracruzana, solía narrarnos la siguiente historia:
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Una mañana del año 1915 —yo tenía 25 años y mi padre, Eduardo Espinosa, 66— llegaron los carrancistas, bajo el mando de Higinio Melgoza. Entre los que no alcanzamos a huir tomaron a muchos prisioneros y nos llevaron amarrados. La gente del pueblo se había apostado en el panteón, en las afueras de Chontla, y cuando pasamos por ahí comenzaron a disparar, creando mucha confusión, pues disparaban desde arriba.
Los soldados que llevaban a mi padre, al tener que replegarse, lo separaron de nosotros. Esa fue la última vez que lo vi. Después a mí me llevaron hacia el lado contrario, pues los paisanos no dejaban de disparar, causándoles muchas bajas. Al advertir su desventaja, el soldado que me llevaba se disponía a matarme. Entonces le grité:
—¡Eres un cobarde! —Si me vas a matar, mátame de una vez.
Así, amarrado, saqué como pude una daga y lo maté. Luego escapé corriendo entre un zarzal, llenándome cara y cuerpo de espinas y de sangre. Vi que estaban matando mucha gente, pero sólo cuando estuve lo suficientemente lejos busqué un sitio donde esconderme; hasta entonces me pude desatar. Esperé sin moverme hasta que se fueron y ahí permanecí hasta el anochecer.
Al día siguiente me acerqué al pueblo y pude darme una idea de la cantidad de gente que habían asesinado. Las casas estaban solas porque, además, muchos, temerosos de que regresaran los carrancistas, se habían escondido en la sierra.
De los sobrevivientes, la mayoría se ocupaba de sepultar a los muertos; también nosotros sepultamos a mi padre. En su tumba coloqué una cruz de encino amarrada con un alambre de cobre. Después nos fuimos todos a la sierra. Tiempo después, un amigo que escapó de la masacre me contó cómo lo mataron.
El abuelo concluía su relato diciendo que esos soldados ya no eran revolucionarios, sino que iban para robar y matar, quemar pueblos y hacer el mal por todos los lugares que pisaban.
Quiero compartir con ustedes una fotografía de mi abuelo Emiliano Espinosa y otra de Chontla.
Mi abuelo Emiliano Espinosa, quien vivió en Chontla, Veracruz, en la conocida Huasteca veracruzana, solía narrarnos la siguiente historia:
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Una mañana del año 1915 —yo tenía 25 años y mi padre, Eduardo Espinosa, 66— llegaron los carrancistas, bajo el mando de Higinio Melgoza. Entre los que no alcanzamos a huir tomaron a muchos prisioneros y nos llevaron amarrados. La gente del pueblo se había apostado en el panteón, en las afueras de Chontla, y cuando pasamos por ahí comenzaron a disparar, creando mucha confusión, pues disparaban desde arriba.
Los soldados que llevaban a mi padre, al tener que replegarse, lo separaron de nosotros. Esa fue la última vez que lo vi. Después a mí me llevaron hacia el lado contrario, pues los paisanos no dejaban de disparar, causándoles muchas bajas. Al advertir su desventaja, el soldado que me llevaba se disponía a matarme. Entonces le grité:
—¡Eres un cobarde! —Si me vas a matar, mátame de una vez.
Así, amarrado, saqué como pude una daga y lo maté. Luego escapé corriendo entre un zarzal, llenándome cara y cuerpo de espinas y de sangre. Vi que estaban matando mucha gente, pero sólo cuando estuve lo suficientemente lejos busqué un sitio donde esconderme; hasta entonces me pude desatar. Esperé sin moverme hasta que se fueron y ahí permanecí hasta el anochecer.
Al día siguiente me acerqué al pueblo y pude darme una idea de la cantidad de gente que habían asesinado. Las casas estaban solas porque, además, muchos, temerosos de que regresaran los carrancistas, se habían escondido en la sierra.
De los sobrevivientes, la mayoría se ocupaba de sepultar a los muertos; también nosotros sepultamos a mi padre. En su tumba coloqué una cruz de encino amarrada con un alambre de cobre. Después nos fuimos todos a la sierra. Tiempo después, un amigo que escapó de la masacre me contó cómo lo mataron.
El abuelo concluía su relato diciendo que esos soldados ya no eran revolucionarios, sino que iban para robar y matar, quemar pueblos y hacer el mal por todos los lugares que pisaban.
Quiero compartir con ustedes una fotografía de mi abuelo Emiliano Espinosa y otra de Chontla.
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Saludos.
Álvaro Espinosa Navarrete.
Saludos.
Álvaro Espinosa Navarrete.
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La última carga a sable de la caballería mexicana
21:11
Marvin Osiris Huerta
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APIZACO, TLAXCALA. 8 DE MAYO DE 1920
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Con parsimonia, los dragones del Regimiento General Ignacio Allende, formado por alumnos de la Escuela de Caballería del Colegio Militar, salen de Ciudad de México con rumbo a Apizaco, pues se requiere su presencia para escoltar al Ciudadano Presidente Constitucional Don Venustiano Carranza. Rodeado por las fuerzas insurrectas al mando del General Álvaro Obregón, el Presidente ha dispuesto salir con todo su gabinete rumbo a Veracruz, utilizando para este fin el ferrocarril. A las órdenes de sus jefes, enarbolando la sagrada bandera de su institución, la Escuela de Caballería salió rumbo a Apizaco.
Se detiene delante de Villa de Guadalupe para dar lugar a que los convoyes gubernamentales se alejen, ya que de mutuo propio, el mando de la Escuela asumió la misión de proteger la salida de los trenes, en Tepexpan. Los dragones observan tranquilos la retirada de los vagones, mientras acarician con gestos sombríos las empuñaduras de sus sables. Algo está por suceder, se puede oler en el ambiente, y es que ya las fuerzas presidenciales han sostenido algunas escaramuzas con partidas obregonistas desde que salieran de México.
El Presidente Carranza ordena entonces que se embarque el Regimiento en los últimos carros vacíos del tren, después de las demás Escuelas del Colegio Militar para dar tiempo a que, si se presentaba la eventualidad, los alumnos pudieran desembarcar rápidamente. El largo tren sigue entonces su marcha rumbo de Veracruz, internándose en Tlaxcala, pero al llegar a Apizaco, fuerzas enemigas al mando de los Generales Máximo Rojas y Reyes Márquez, atacan de improviso el tren presidencial. Es la mañana del 8 de mayo. En medio del tiroteo, el Coronel Don Rodolfo Casillas, Comandante en Jefe de la Escuela de Caballería, desembarca sus dragones y rodea una pequeña loma, con la finalidad expresa de caer sobre el flanco enemigo, muy ocupado en el intercambio de disparos con los alumnos de infantería abordados en el convoy presidencial, y que lo defenderán hasta la última bala... ¡Ah!, para darnos una mejor idea de lo que sucedió aquel inolvidable día, escuchemos las memorias del propio Casillas:
''… de hallarnos en el campo abierto, libre, de cuyos límites se perdían en la lejanía y también de cumplir con la misión que se nos había encomendado, salimos del lugar al trote, dirigiéndonos a ocupar un lomerío poco distante de los trenes, pero que precisamente por esto y por su situación bastante favorable, se prestaba para proteger los convoyes. El terreno no era propiamente despejado, lo formaban lomas muy extensas llenas de hierbas y sembradas de centenares de magueyes, cuyas filas alienadas se perdían a lo lejos, allá a muchos kilómetros en el horizonte bello y azul. Apenas habíamos remontado la parte más elevada del lomerío, cuando divisamos a las fuerzas obregonistas, compuestas de infantería y escasa caballería, que avanzaban en medio de los tiros hacia Apizaco.
El acercamiento del enemigo ya no permitía tomar posesión del terreno para proceder a la organización de éste y defenderlo por medio del combate a pie como aconseja la táctica cuando se cuenta con el factor tiempo; tampoco procedía el combate a caballo, a fuego de carabinas, porque el tiro efectivo de este manera, no era sino un consumo inútil e infructuoso de municiones. Por lo anterior, y considerando sobre todo que muchas veces la mejor defensa es el ataque, la idea que se forjó en la mente del mando se plasmó instintiva, simple, rápida, decidida a organizar tan rápido como lo pedían las circunstancias, una carga en varias líneas de forrajeadores sobre el enemigo que hasta entonces seguía avanzando sobre Apizaco… ¡¡La Carga al Sable sobre el enemigo!!... ¡¡El ideal, el anhelo, la ilusión con que sueña a diario el verdadero Dragón!!
¡¡La épica Carga de Caballería , la galopeada heroica, relampagueante, decisiva, en la que el vértigo de la velocidad y la locura del espíritu lleno de arrojo hace hundir el viento y la distancia, hace blandir en la mano febril y nerviosa el desnudo sable o la estilizada y vieja lanza, armas de los hombres de verdad; meteórico avance en el que se tiene que llevar el corazón bien puesto, vibrante de ardor y de bravura, templado por la fuerza moral del cumplimiento del deber, animado por la fe de las buenas causas, como era en este caso, la impetuosa lealtad sin vacilaciones ni evasivas de los alumnos del Heroico Colegio Militar hacia el gobierno de la ley y el derecho representado por Carranza!!
La Carga de Caballería. He ahí el cuadro glorioso, he ahí la gesta sublime, ambicionada, he ahí el imán poderoso que tenían enfrente los bizarros cadetes de caballería del Colegio Militar, que desbordaban de coraje y de entusiasmo cuando para comenzar lo que había decidido el mando, escucharon la firme, la enérgica y vibrante voz de: “Al Hombro Sable”, dada por no sus menos bravos Comandantes de Escuadrón, de aquellas inolvidables secciones de valientes muchachos y después un “¡Al Galope!”, como incontenible avalancha, como huracán arrollador, como maldición endemoniada para las huestes rebeldes comandadas por los Generales Máximo Rojas y Reyes Márquez, sobre ellas se lanzaron, al singular e incomparable, la varonil grito de “¡¡Carga!!”, los jóvenes dragones, aquella memorable tarde del mes de mayo de 1920...''
Surgiendo tras de la pequeña loma que mira al pueblo, aparece la numerosa y fresca, lanzada a toda la brida, la Escuela de Caballería, palpitante de odio.... Los atacantes, sorprendidos, abandonan el asalto al tren y se dirigen hacia la sección montada... Y entonces, soldados y civicos, Presidente y Gabinete, atacantes y maquinistas del ferrocarril y aún los habitantes de Apizaco presenciaron un espectáculo maravilloso propio de las pasadas guerras: la Carga de Caballería, hoy ya olvidada, y que las actuales y nuevas generaciones tal vez no tendrán oportunidad de admirar. Los jóvenes dragones constitucionalistas, defensores del honor militar de su arma, de su Escuela y su Colegio, se precipitan sobre los rebeldes obregonistas al galope, arrollando a los infantes bajo el andar de sus fogosos corceles, y blandiendo el honorable sable, ciegamente tras su estandarte, entrando en lid gloriosa contra los enemigos del orden, al frente de su tropa, el heroico Coronel Don Rodolfo Casillas, que hace enrojecer su espada de sangre hasta la empuñadura...
''El resultado tenía que ser el que lógica e irremediablemente se imponía; el desenlace no podía ser otro que el previsto, inconcusa, incontrovertiblemente; el coronamiento de esa carga, por la fuerza moral y material de cómo se habían hecho las cosas tuvo que ser la media vuelta forzosa, obligada, la precipitada y vergonzosa huida irremisible del enemigo, dominado por el miedo y la sorpresa.
Sin embargo, de la fuga en cuestión, habíamos cargado tan velozmente, que llegamos a alcanzar y rebasar a algunos soldados enemigos, por lo que parte de nuestros forrajeadores se embebieron entre ellos, causando una verdadera confusión. Pero reaccionando los nuestros, ya sin vacilaciones acuchillaron furiosamente a los hombres de Reyes Márquez. Minutos después llegaron también algunos amigos montados, mandados por el General Pilar Sánchez, a quién le tocó abatir todavía con su .45 a algunos de los alzados...''
El enemigo, sorprendido, se desbanda y huye... Los dragones siguen su tremenda carga para terminar de derrotar al enemigo y evitar que se reorganice, pero algunos valientes del General Márquez se agrupan, deteniéndose, haciendo frente a los jinetes que todo lo arrollan, para poder cubrir la retirada del resto de las fuerzas obregonistas... En medio del tiroteo resultante cae muerto el alumno Ignacio Barba, al sablear a un infante, pero otro rebelde logra derribarlo de su caballo con un carabinazo... Entonces aparecen varios montados al mando del General Pilar Sánchez, quienes refuerzan a los cadetes y hacen retirarse definitivamente a los obregonistas.
''No se continuó la persecución del enemigo por no alejarnos mucho de los trenes y porque ya empezaba a caer la noche. Una vez reorganizado el Regimiento sobre el propio terreno, regresamos a la vía y escoltamos al tren, cabalgando sobre el terraplén, en dirección a San Marcos, donde pernoctamos al final del día…''
Con parsimonia, los dragones del Regimiento General Ignacio Allende, formado por alumnos de la Escuela de Caballería del Colegio Militar, salen de Ciudad de México con rumbo a Apizaco, pues se requiere su presencia para escoltar al Ciudadano Presidente Constitucional Don Venustiano Carranza. Rodeado por las fuerzas insurrectas al mando del General Álvaro Obregón, el Presidente ha dispuesto salir con todo su gabinete rumbo a Veracruz, utilizando para este fin el ferrocarril. A las órdenes de sus jefes, enarbolando la sagrada bandera de su institución, la Escuela de Caballería salió rumbo a Apizaco.
Se detiene delante de Villa de Guadalupe para dar lugar a que los convoyes gubernamentales se alejen, ya que de mutuo propio, el mando de la Escuela asumió la misión de proteger la salida de los trenes, en Tepexpan. Los dragones observan tranquilos la retirada de los vagones, mientras acarician con gestos sombríos las empuñaduras de sus sables. Algo está por suceder, se puede oler en el ambiente, y es que ya las fuerzas presidenciales han sostenido algunas escaramuzas con partidas obregonistas desde que salieran de México.
El Presidente Carranza ordena entonces que se embarque el Regimiento en los últimos carros vacíos del tren, después de las demás Escuelas del Colegio Militar para dar tiempo a que, si se presentaba la eventualidad, los alumnos pudieran desembarcar rápidamente. El largo tren sigue entonces su marcha rumbo de Veracruz, internándose en Tlaxcala, pero al llegar a Apizaco, fuerzas enemigas al mando de los Generales Máximo Rojas y Reyes Márquez, atacan de improviso el tren presidencial. Es la mañana del 8 de mayo. En medio del tiroteo, el Coronel Don Rodolfo Casillas, Comandante en Jefe de la Escuela de Caballería, desembarca sus dragones y rodea una pequeña loma, con la finalidad expresa de caer sobre el flanco enemigo, muy ocupado en el intercambio de disparos con los alumnos de infantería abordados en el convoy presidencial, y que lo defenderán hasta la última bala... ¡Ah!, para darnos una mejor idea de lo que sucedió aquel inolvidable día, escuchemos las memorias del propio Casillas:
''… de hallarnos en el campo abierto, libre, de cuyos límites se perdían en la lejanía y también de cumplir con la misión que se nos había encomendado, salimos del lugar al trote, dirigiéndonos a ocupar un lomerío poco distante de los trenes, pero que precisamente por esto y por su situación bastante favorable, se prestaba para proteger los convoyes. El terreno no era propiamente despejado, lo formaban lomas muy extensas llenas de hierbas y sembradas de centenares de magueyes, cuyas filas alienadas se perdían a lo lejos, allá a muchos kilómetros en el horizonte bello y azul. Apenas habíamos remontado la parte más elevada del lomerío, cuando divisamos a las fuerzas obregonistas, compuestas de infantería y escasa caballería, que avanzaban en medio de los tiros hacia Apizaco.
El acercamiento del enemigo ya no permitía tomar posesión del terreno para proceder a la organización de éste y defenderlo por medio del combate a pie como aconseja la táctica cuando se cuenta con el factor tiempo; tampoco procedía el combate a caballo, a fuego de carabinas, porque el tiro efectivo de este manera, no era sino un consumo inútil e infructuoso de municiones. Por lo anterior, y considerando sobre todo que muchas veces la mejor defensa es el ataque, la idea que se forjó en la mente del mando se plasmó instintiva, simple, rápida, decidida a organizar tan rápido como lo pedían las circunstancias, una carga en varias líneas de forrajeadores sobre el enemigo que hasta entonces seguía avanzando sobre Apizaco… ¡¡La Carga al Sable sobre el enemigo!!... ¡¡El ideal, el anhelo, la ilusión con que sueña a diario el verdadero Dragón!!
¡¡La épica Carga de Caballería , la galopeada heroica, relampagueante, decisiva, en la que el vértigo de la velocidad y la locura del espíritu lleno de arrojo hace hundir el viento y la distancia, hace blandir en la mano febril y nerviosa el desnudo sable o la estilizada y vieja lanza, armas de los hombres de verdad; meteórico avance en el que se tiene que llevar el corazón bien puesto, vibrante de ardor y de bravura, templado por la fuerza moral del cumplimiento del deber, animado por la fe de las buenas causas, como era en este caso, la impetuosa lealtad sin vacilaciones ni evasivas de los alumnos del Heroico Colegio Militar hacia el gobierno de la ley y el derecho representado por Carranza!!
La Carga de Caballería. He ahí el cuadro glorioso, he ahí la gesta sublime, ambicionada, he ahí el imán poderoso que tenían enfrente los bizarros cadetes de caballería del Colegio Militar, que desbordaban de coraje y de entusiasmo cuando para comenzar lo que había decidido el mando, escucharon la firme, la enérgica y vibrante voz de: “Al Hombro Sable”, dada por no sus menos bravos Comandantes de Escuadrón, de aquellas inolvidables secciones de valientes muchachos y después un “¡Al Galope!”, como incontenible avalancha, como huracán arrollador, como maldición endemoniada para las huestes rebeldes comandadas por los Generales Máximo Rojas y Reyes Márquez, sobre ellas se lanzaron, al singular e incomparable, la varonil grito de “¡¡Carga!!”, los jóvenes dragones, aquella memorable tarde del mes de mayo de 1920...''
Surgiendo tras de la pequeña loma que mira al pueblo, aparece la numerosa y fresca, lanzada a toda la brida, la Escuela de Caballería, palpitante de odio.... Los atacantes, sorprendidos, abandonan el asalto al tren y se dirigen hacia la sección montada... Y entonces, soldados y civicos, Presidente y Gabinete, atacantes y maquinistas del ferrocarril y aún los habitantes de Apizaco presenciaron un espectáculo maravilloso propio de las pasadas guerras: la Carga de Caballería, hoy ya olvidada, y que las actuales y nuevas generaciones tal vez no tendrán oportunidad de admirar. Los jóvenes dragones constitucionalistas, defensores del honor militar de su arma, de su Escuela y su Colegio, se precipitan sobre los rebeldes obregonistas al galope, arrollando a los infantes bajo el andar de sus fogosos corceles, y blandiendo el honorable sable, ciegamente tras su estandarte, entrando en lid gloriosa contra los enemigos del orden, al frente de su tropa, el heroico Coronel Don Rodolfo Casillas, que hace enrojecer su espada de sangre hasta la empuñadura...
''El resultado tenía que ser el que lógica e irremediablemente se imponía; el desenlace no podía ser otro que el previsto, inconcusa, incontrovertiblemente; el coronamiento de esa carga, por la fuerza moral y material de cómo se habían hecho las cosas tuvo que ser la media vuelta forzosa, obligada, la precipitada y vergonzosa huida irremisible del enemigo, dominado por el miedo y la sorpresa.
Sin embargo, de la fuga en cuestión, habíamos cargado tan velozmente, que llegamos a alcanzar y rebasar a algunos soldados enemigos, por lo que parte de nuestros forrajeadores se embebieron entre ellos, causando una verdadera confusión. Pero reaccionando los nuestros, ya sin vacilaciones acuchillaron furiosamente a los hombres de Reyes Márquez. Minutos después llegaron también algunos amigos montados, mandados por el General Pilar Sánchez, a quién le tocó abatir todavía con su .45 a algunos de los alzados...''
El enemigo, sorprendido, se desbanda y huye... Los dragones siguen su tremenda carga para terminar de derrotar al enemigo y evitar que se reorganice, pero algunos valientes del General Márquez se agrupan, deteniéndose, haciendo frente a los jinetes que todo lo arrollan, para poder cubrir la retirada del resto de las fuerzas obregonistas... En medio del tiroteo resultante cae muerto el alumno Ignacio Barba, al sablear a un infante, pero otro rebelde logra derribarlo de su caballo con un carabinazo... Entonces aparecen varios montados al mando del General Pilar Sánchez, quienes refuerzan a los cadetes y hacen retirarse definitivamente a los obregonistas.
''No se continuó la persecución del enemigo por no alejarnos mucho de los trenes y porque ya empezaba a caer la noche. Una vez reorganizado el Regimiento sobre el propio terreno, regresamos a la vía y escoltamos al tren, cabalgando sobre el terraplén, en dirección a San Marcos, donde pernoctamos al final del día…''
viernes, 24 de julio de 2009
22:44
Marvin Osiris Huerta
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Por: Pablo Ramos
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General FÉLIX U GOMEZ héroe en la Defensa del País en la 3era invasión Norteamericana a Territorio Mexicano en la llamada Guerra Punitiva cuando el ejercito Norteamericano invadió territorio Mexicano para perseguir a Francisco Villa en 1916, estando comisionado el General Félix U Gomez en Chihuahua en el poblado de el CARRIZAL, quien en parlamento solicita al Ejercito Americano que abandone suelo mexicano sin existo resultando la llamada BATALLA DEL CARRIZAL del 21 de Junio de 1916, resultando varios muertos y heridos de ambos bandos entre ellos el valeroso General Gomez, el ejercito americano estaba compuestos la mayoría por Soldados de Color, siendo varios hechos prisioneros.
El día 21 de Junio en la Calle que lleva su Nombre cruz con Washington familiares y amigos así como historiadores recordaron a este valeroso y olvidado General.ahí el Pentatlon deportivo militarizado entono música Militar,fue emotivo cuando su tataranieto recordó la vida de este Militar Mexicano que murió defendiendo su país.
A CONTINUACIÓN NOTA INFORMATIVA DE ESTA CEREMONIA:El domingo 21 de Junio de 2009 se llevo la Ceremonia Luctuosa y Exposición Fotográfica en Memoria del Gral. Félix U. Gómez con motivo del 93 aniversario de su fallecimiento en defensa del territorio nacional en la batalla de El Carrizal, Chihuahua. Se rindieron honores a la Bandera a cargo de la Banda de Guerra y Escolta del Pentahtlón Deportivo Militarizado Universitario.
Félix Alfonso Torres Gómez bisnieto del Gral. Félix U. Gómez menciono que mucha gente conoce esta avenida, pero son pocos los que conocen su historia y el motivo por el que lleva su nombre.
Mi bisabuelo impresionaba con sus 2 mts. de altura y por su valor fue ascendiendo hasta llegar a General de Brigada, era muy querido por su tropa pues cuando fue cambiado de la Brigada El Rayo a La Canales, le escriben una carta pidiendo que los lleve con él a su nueva Brigada.
Al invadir Estados Unidos a México en lo que se llamo la Expedición Punitiva, 10,000 soldados altamente equipados hasta con 8 aeroplanos, buscaron inútilmente a Villa con motivo del ataque que este hizo al a Columbus Nuevo México, Estados Unidos. mi bisabuelo tenía órdenes de no permitir el paso de tropas americanas más allá del Poblado de El Carrizal, municipio de Villa Ahumada Chihuahua por lo que detiene la marcha de 2 escuadrones norteamericanos comandados por los capitanes Lewis S. Morreo y Charles T. Boyd, a quienes convida a regresar, señalándoles que no podrán pasar más allá del poblado de El Carrizal, a lo que el Capitán T. Boyd responde que de cualquier modo pasará, pues si no le daba paso “el se lo abriría que para ello tenía gente, armas, caballos y parque” a lo que el General Gómez contesto que “tendrá que pasar por sobre el cadáver del último de mis soldados”, empezando la batalla entre ambos bandos.
Esta justa acción de defensa de la Nación, agravó la relación con Estados Unidos, pero logró la unión de todo México y la solidaridad de los países latinoamericanos, como lo registran los periódicos de la época nombrando a mi bisabuelo “El Héroe del Carrizal”.
Desde Chihuahua salió un convoy de trenes llevando su cadáver al modesto pueblo de Gómez Farías, Coahuila donde lo esperaba su viuda y su pequeño hijo de 2 años (mi abuelito), allí civiles y militares lo despidieron con honores. El Dr. Fernando Vázquez Alanís, Presidente de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, A.C. en su participación dijo que “Félix U. Gómez es un ejemplo para nosotros de lo que se logra con valor, con entrega, con entusiasmo, con esfuerzo.
Que hoja de servicio tan limpia y tan exitosa le entrega a sus descendientes” “Todos entendemos ahora después de 100 años, que los que participaron en la Revolución, con los Maderistas, con los Carranzistas, con los Villistas, dejaron todo para ayudar a las causas de México que eran: la justicia social, la democracia, los derechos sociales”. Félix U. Gómez no fue nada mas un héroe revolucionario, le toco por suerte participar en otro acontecimiento. No solo fue héroe como Carranza o Madero, o como Pino Suarez o Felipe Ángeles, él fue un héroe nacional porque además de la Revolución fue un héroe que pudo combatir la intervención Norteamericana. Dio la vida antes de cumplir treinta años, dio la vida para que un ejército extranjero no permaneciera sobre la nación mexicana y eso se llama pensar en los intereses de una nación.
Heroé mexicano de la Expedicón Punitiva
22:30
Marvin Osiris Huerta
Félix Uresti Gómez
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Gómez Farías, Coahuila,
Gómez Farías, Coahuila,
1 de julio de 1887
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(+) Ahumada, Chihuahua,
21 de junio de 1916
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Fue un militar y revolucionario mexicano. Desde pequeño fue trasladado a Concepción del Oro, Zacatecas, donde transcurrió gran parte de su vida. En ésta ciudad cursó los estudios primarios, para dedicarse más tarde a la minería, desempeñándose en dicha actividad hasta 1910, año en que se unió a la insurrección maderista. En 1913 participó en la campaña contra el entonces presidente Victoriano Huerta; posteriormente se le otorgó el grado de general. Un año más tarde, adherido a las fuerzas revolucionarias de Venustiano Carranza, asistió como representante a la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes. En octubre de 1914 el movimiento revolucionario sufrió escisiones, pero él permaneció fiel a la facción carrancista. En 1916 fue comisionado para repeler a las fuerzas estadounidenses comandadas por el General John J. Pershing que ingresaron a territorio mexicano persiguiendo a Francisco Villa, luego de que éste había asaltado la población de Columbus, en el estado norteamericano de Nuevo México. La encomienda de Gómez era evitar que las tropas estadounidenses rebasaran la línea fijada por el Gobierno Mexicano. Cumpliendo estas órdenes intimidó a los capitanes Boyd y Morey para que desistieran de avanzar, en esta batalla, realizada en el poblado de El Carrizal (Batalla de El Carrizal), municipio de Ahumada, Chihuahua, Félix Uresti Gómez perdió la vida, por este hecho posteriormente se le llamó "Héroe del Carrizal".
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POEMA DE RENATO LEDUC
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De cómo eso de meter la pata suele ocurrirle
De cómo eso de meter la pata suele ocurrirle
aun a quienes presumen de tener chiquito el pie
Para corresponder la fina
Para corresponder la fina
cortesía con que nos honra el General Pattón,
instruir debidamente no estaría mal,
a los cachorros de nuestro escuadrón.
Y arengar, como Villa a sus soldados,
–de texano azote cual ninguno–
a los trescientos dos discriminados
héroes del Escuadrón Doscientos Uno.
"Agarrad a los nazis por la cola
"Agarrad a los nazis por la cola
y si os manchan la mano, no hagáis caso...
Recordad a los rangers que en la bola
espanté de Columbus hasta El Paso..."
Podríase hacer mención –tal vez nociva
para la confraternidad continental–
de la refriega que dio a la Punitiva
Félix U. Gómez, en el Carrizal.
No les tiréis –gritaba el General
– que son como nosotros y –oh dolor–
por cada yanqui había en el Carrizal
cuatrocientos soldados de color.
Y no ofenderse pues, por la alusión;
y sobre todo no ofenderse que
nada tiene de extraño que un Pattónmeta
–aun a veces sin querer– el pie...
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Churubusco, enero de 1945
domingo, 21 de junio de 2009
viernes, 30 de enero de 2009
12:35
Marvin Osiris Huerta










